Objetivo curso: “Es tiempo de decidir lo mejor”

Objetivo curso: “Es tiempo de decidir lo mejor”

Objetivo para el próximo curso

Un pequeño adelanto de lo que será nuestro objetivo de curso 🙂

En el mundo abundan las confusiones. La mente queda aturdida ante mensajes y opiniones contradictorias o llenas de ambigüedades. ¿Dónde está la verdad? ¿Quién se equivoca? Unas elecciones. Ganadores y perdedores. ¿Quiénes van a promover el bien del Estado? Síntomas de una enfermedad. Dos médicos dan diagnósticos diferentes. ¿Quién tiene la razón? Si profundizamos en temas éticos, unos dicen que es bueno este acto y otros que es malo. ¿Quién dice la verdad, o hay que renunciar a su búsqueda?

Algunos, ante el panorama complejo de nuestro tiempo, piensan que es imposible tener certezas, y que vale la pena vivir continuamente abiertos a discusiones que no llegan nunca a resultados definitivos. Porque, según el parecer de esas personas, pretender la posesión de la verdad es algo arrogante y, en muchos casos, dañino para la convivencia entre los seres humanos.

En realidad, la frase anterior muestra una contradicción extraña. Por un lado, critica como negativo el pretender y presumir la posesión de verdades. Por otro, esa crítica existe en quien cree estar diciendo algo verdadero… Si dejamos atrás este tipo de posturas, podremos reconocer que todos tenemos un irrenunciable amor hacia la verdad, y que buscamos continuamente alcanzar la máxima claridad posible en temas cotidianos o en asuntos de mayor importancia. Pretender que la vida siga en un debate continuo, y mantenerlo vivo como si se tratase de algo positivo, son modos de pensar y de actuar equivocados. Porque lo que más deseamos, desde el interior de nuestras almas, es encontrar buenas respuestas a las preguntas decisivas.

En ese sentido, la claridad es una compañera benévola y deseada, que surge cuando dejamos de lado las tinieblas de la confusión y de las dudas porque ha sido posible un acercamiento, humilde pero confiado, a la verdad, sin importar dónde se encuentre o quién la diga. Si, además, un día llegamos a reconocer que la misma Verdad tiene un rostro y se hizo presente en la historia humana en la Encarnación del Hijo de Dios, entonces habremos alcanzado una claridad y una dicha que nada ni nadie podrá arrebatarnos…

Los jueces de Atenas condenaron a Sócrates a muerte. Sócrates aceptó la condena, y por eso permaneció en la cárcel hasta el momento fijado para la sentencia. Tanto los jueces como Sócrates pensaban alcanzar un bien con sus respectivas decisiones, según lo que explica Platón en dos de sus Diálogos: la “Apología” y el “Fedón”. Si alargamos la mirada a casi todas las acciones humanas, existe una conexión ineliminable entre lo que decidimos y el deseo de alcanzar un bien. Porque las decisiones, en la inmensa mayoría de los casos, surgen desde un deseo de bienes, con el horizonte de la idea de lo mejor, o, en no pocos casos, para evitar lo que pensamos provoca daños para uno mismo o para otros.

Hablar de la relación entre elecciones y bienes implica reconocer la racionalidad humana y su presencia continua en los actos libres de cada persona. Es cierto que muchas decisiones, tarde o temprano, provocan graves daños. Lo que parecía un bien no lo era, o uno se había sugestionado declarando como bueno lo que objetivamente resultaba malo. Pero también es cierto que, si logramos una sana disciplina y vivimos según una reflexión seria y madura, haremos lo posible para que cada acto de libertad alcance bienes para nuestra propia realización o la de aquellos seres que más amamos. artículo Catholic 

 

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