Orar en modo Adviento “Ojalá”

Orar en modo Adviento “Ojalá”

#Ojalá

Es difícil leer o pensar “ojalá” y no escaparse un suspiro por dentro. Quizá porque esto de desear y de querer con toda el alma algo, siempre conlleva un puntito de nostalgia, de desgaste, de respiración….

En el fondo, el Adviento es un enorme ojalá. Es la Humanidad clamando (¡mira como estamos, Señor, por favor, haz algo, ven, actúa!) y es Dios conmoviéndose de tal manera por este clamor que su deseo de estar con nosotros se multiplica, se vuelve loco (como todo el que ama mucho) y decide venir en persona, en su Hijo, en su Palabra.

El Adviento es un enorme ojalá, porque en él se encuentran el ojalá minúsculo del ser humano y el ojalá con mayúsculas de Dios:

Ojalá rasgase el cielo y bajase… -dice la humanidad

Ojalá me escuchase mi pueblo… -suspira el mismo Dios que nos contempla.

El Adviento es un gran #ojalá porque es el tiempo del deseo. Y como todos los deseos, pueden encontrarse o perderse para siempre… Un deseo que no llega nunca a encontrarse con lo deseado, se pierde. Está hueco, está vacío… ¡nace muerto! Un deseo que no se anuncia ni se deja salir fuera, es imposible que se encuentre con nada ni nadie.

Adviento se nos regala como una gran gestación de deseos… los nuestros y los de Dios. Porque Dios también desea, ¡claro que sí! Es más: ¡te desea!, ¡nos desea!

Todo deseo nace de una promesa que lo posibilita y lo garantiza. Lo sepamos o no. Sin una promesa que sostenga y aliente el deseo, no hay ojalá posible, ¡ni siquiera se nos ocurriría desearlo! Y por eso, también todo deseo verdadero es garantía de que la promesa está viva y se cumplirá.

Te doy mi Palabra: es la promesa y la garantía. Nuestra y de Dios. Y si llegara a darse el encuentro, si camináramos este Adviento cuajando deseos y compartiéndolos y cuidándolos… seguro que el #ojalá nacerá bien vivo y tendrá nombre propio: Jesús, deseo de Dios, carne de Dios, Palabra de Dios. Pero también deseo humano, carne humana, palabra frágilmente humana.

Vamos a clamar, a gritar, a expresarnos, a darnos un tiempo para alentar deseos, para tomar conciencia de todos los ojalás que me habitan a mí y a la Humanidad entera. Porque ahí, no lo dudes, ahí mismo, está deseando el mismo Dios.

Vamos a intentarlo, vamos a desear… rompiendo la desgana y la desesperanza que a veces nos acecha.

Buen adviento. Buen deseo. Ojalá lo sea.

 

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