Con enfoque de futuro
El cambio de ESO a Bachillerato marca un punto de inflexión decisivo en nuestros alumnos, un cambio en el que se empiezan a ver las primeras pinceladas de su madurez.
Seguro que piensan en el futuro, en las cosas que les gustaría hacer y en sus capacidades. Pero no podemos olvidar que, a pesar de la ilusión por todo lo que les viene, los viven con mucha incertidumbre.
Sabemos que todo trabajo requiere esfuerzo, pero también creemos que hay una sobrecarga emocional que tenemos que tenerla en cuenta. Es un momento de sus vidas en el que hay que acompañarlos de manera especial, vigilando su evolución muy de cerca e intentando equilibrar el nivel de ansiedad que genera esta etapa.
En el equipo educativo nos preocupamos para que los alumnos se acerquen a la excelencia académica, pero nos ocupamos de que no sea a costa de su estabilidad emocional. Por eso es importante que reciban apoyo para gestionar el estrés y que tengan personas a las que dirigirse, sabiendo que los escuchan y les darán su apoyo y consejo.
Como tenemos la suerte de contar con instalaciones amplias, a veces aprovechamos pequeños momentos para que puedan despejarse al aire libre. En el cuarto piso tenemos una gran terraza exterior que a ellos les sirve para recargar pilas y coger fuerzas.
Salir al aire libre, despejar la mente unos minutos entre apuntes y compartiendo risas. Estas cosas siempre ayudan a relajarse.


